Una Vida Diferente y Nada Más: - 11 de Diciembre, 2011

Cuando va alguien al psiquiatra o al psicólogo y le diagnostica un trastorno de la personalidad, la persona piensa y se siente hundida, comienza a pensar en todo aquello que hizo mal o lo que no hizo bien,  pero la pregunta es ¿un trastorno comparado con qué otro trastorno? ¿O con qué tipo de vida supuestamente SIN trastorno? ¿Quién ha realizado esas tablas de supuestas enfermedades? ¿Por qué son enfermedades? Habrá unas que sí y otras que no, quizás se necesite de una series de palabras juntas que formen una frase y que digan que estas enfermo y de esta manera y forma, cuantos más enfermos de la mente existan, más dinero para los bolsillos de estos especialistas de la mente.

Si se tratara de una visualización por imagen del cerebro con las nuevas tecnologías y estas marcan que existe un deterioro neuronal o daños cerebrales, en esa circunstancia creo que hay poco lugar a las dudas, pues es ciencia, pero una persona que con preguntas a un cuadro y escuchando a la pared, te diga que padeces de no se qué palabra rara, porque no llevas una vida con orden, es decir, mujer, trabajo, domingos de compras, cambiar las bujías del coche cada cierto tiempo, concentrarse en hacer un dibujo, fotografiar a las flores y mariposas, ver la televisión lo justo, leer de forma mesurada, hacer 30 minutos de gimnasia o andar todos los días cuarenta minutos para rebajar el colesterol malo, una ducha caliente antes de ir a la cama y no recibir muchos estímulos para que el sueño sea profundo y reparador, eliminar el alcohol de tu vida, café, tabaco y el sexo…con el sexo no se sabe qué y cuanto es mucho o poco, a veces se peca de hipersexual y otras de inorgásmica, asexual o falta de apetito por estrés… gilipolleces y más gilipolleces.

Quizás o casi seguro estos especialistas mentales de mis cojones, les gustaría saber algo de la vida real y no la imaginaria vida idílica de la que predican y que no se creen ni ellos mismos.

Cierto es que en una etapa de mi vida reconozco que no me preocupé mucho de mis problemas de salud, tampoco fueron muy inquietantes, mi manera de ver la vida en aquellos momentos fueron de indiferencia frente al riesgo de enfermar, ahora sé que soporté lo que pude por un instinto de ganar algo a cambio en el futuro, experiencia y cierta sabiduría que no se puede encontrar en los libros, y cierto es que hay placeres que resultan dolorosos, pero que de alguna forma agradecen el alma y el saber.

Hay personas que son incapaces de pecar, yo he pecado por exceso, porque de no haberlo hecho, quizás me hubiera arrepentido un día de no pecar, tener una experiencia para recordar durante mucho tiempo, por eso no me importó retirarme un poquito de las normas establecidas como morales, hice lo inmoral, lo que me apeteció y ya está, quizás perdí o quizás gane, (como la canción) no importa, lo hice y te lo puedo contar.

Te puedo contar que he estado con personas de lo peor, en tugurios de mala muerte, muchachos con no muy buenos planes y que además estaba ansioso de poder ser partícipe de ese caos, de esos placeres, de amanecer con fulanas que nunca antes había visto en mi vida, y que me transmitían sensaciones y me daban ideas para el futuro esperado y deseado, como ahora poder contar todo lo que paso aquellos días delirantes, amorales, entusiasmo y pasión.

No obstaste sí debo aceptar que algo dentro de mí, me decía que más tarde o más temprano debía de aceptar las reglas de ser decente, pero que al mirar hacia atrás lo haría de una forma nostálgica de los días de libertad, de asco, de cuando fui feliz porque me sentía en el aire, fuera una de una manera ilusoria o ficticia, da igual, el caso es que lo sentía, una forma diferente, solo diferente, ni más ni  menos.

Ahora ya no soy aquel, ahora me refugio en Jesucristo, en mi equipo de fútbol, en mi familia, mis amigos, pero creo que hice bien y que estaba en lo cierto y más al recordar la frase que dice, la mala conciencia es algo que nos acosa cuando ya no podemos cometer los errores que la suscitan.

He conocido a personas que jamás tuvieron un solo día de los que yo sufrí o disfrute, sentí, en definitiva, y una vez que les enseñé lo que era un día con la noche de mi vida, maldijeron a sus padres, a su dios, a su vida, por haber llevado una vida reservada, higiénica, escrupulosa en creencias según ellos de borregos y llena de mentiras para ser una ovejita dócil y de fácil manejo del palo con el cual se maneja a los rebaños, fueron felices ese día, y hoy siguen siendo felices actuando de una manera golfa, mundana llena de supuestos desequilibrios, de esos desequilibrios que echan de menos los profesionales de la mente, sobre todo para saber y entender de verdad de la vida y consecuentemente la personalidad y la mente de quienes han vivido de una forma distinta a ellos y que jamás entenderán.

LA MENTE ES DEMASIADO SERIA, PARA DEJARLA EN MANOS DE UN PSICOLOGO O PSIQUIATRA.


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