Apareció la bestia en mitad de la noche: - 31 de Julio, 2013

Era un día idílico para mi pues había acabado un curso y había sacado la mejor nota posible, había superado la prueba de aguantar a ciertas personas con serios trastornos de personalidad, había sido un año muy intenso y de tener la sangre muy fría, había tenido que ser muy calculador con estas personas, las cuales tenían un pasado y un presente tormentoso, había superado la prueba de haber aguantado las envestidas de estos locos con sus delirios y suspicacias en mi contra.

Una vez acabado el último día, comenzó el protocolo de mi despedida, estrechar la mano a profesores, besos a las mujeres que suspiraban de alivio o de sentimientos encontrados, en definitiva, se hizo lo que se suele hacer con aquellas personas que no desean continuar con la fiesta posterior, más tarde los que querían fuimos a cenar y tomar unas copas del maldito alcohol para desinhibirnos y romper moldes del año cursado con una personalidad hipócrita y falsa por parte de todos.

Así fue, nos fuimos a cenar a un restaurante y como el que pagaba era yo, todos me hacían la pelota y esto me incomodaba al máximo, no deseaba que continuara la farsa y comenzamos a romper el hielo con comentarios sobre este o aquel, de esa forma éramos más nosotros mismos y no esas falsas apariencias insoportables, el alcohol empezó a surgir efecto y con ello las emociones se desbordaban a raudales por nuestro paladar y nuestra lengua, las emociones subían por momentos, eran muy intensas, y cada cual contaba sus penas, alegrías y sobre todo vivencias, algunas muy duras, como su pasado lleno de drogas y violencia extrema para conseguirlas, otros sus robos y persecuciones policiales, alguno enseñaba sus heridas de guerra, cortes en el cuello y heridas de armas, en la mano producidas por bandas rivales en su juventud, está claro que el curso que había realizado no era precisamente de economía en Harvard, era un curso de formación y en el tenía cabida todo tipo de personas, preferentemente personas con dificultades para integrarse a la vida laboral y a la vida misma, algunas cumplían condenas y ese curso era una convalidación de la mismas penas para algunos, en lugar de cumplir en una celda, lo cumplirían en dicho curso con fines de integración, estaban en tercer grado penitenciario y otros con la libertad condicional, habían cometido graves delitos, y allí estábamos todos congregados en el restaurante para compartir mesa y mantel, comida y vino, y también copas, era un cóctel explosivo sin lugar a dudas, no éramos conscientes, creíamos que sabíamos mucho unos de los otros y los otros de los unos pero evidentemente era una realidad subjetiva y ficticia, nos conocíamos realizando un curso, no en la vida real.

Una vez acabada la cena, fuimos a tomar unas copas, las copas del diablo, el lugar elegido se hacia llamar” El Lucifer”, por eso me refiero a las copas del diablo, era un lugar por dentro entrañable, con todo tipo de parafernalia satánica, tumbas en la pared, relojes marcando las 6 y 6 minutos con 6 segundos, candelabros, telarañas por el techo, los mismos vasos eran muy extraños, con decorados de plata con señalizaciones demoníacas, la realidad supera a la ficción, tomar una copa en Lucifer es comenzar a creer…, hasta las camareras y camareros vestían con indumentaria tétrica, drácula, vampiresas, pinturas por la cara de terror, así nos tomamos unas cuantas cervezas con mucha risa y de muy buen humor, hasta que decidimos que era la hora de acabar la fiesta y cada uno a su ataúd o, a su hogar, algunos tenían que ingresar en su verdadero infierno al día siguiente, la cárcel, pero eso es otro cuento, de esta forma salimos del local, el tétrico Lucifer y en la mima puerta nos fuimos despidiendo unos de otros y como yo era el anfitrión, pues eso, gracias por todo…, ya nos veremos…, pásate por mi barrio, déjame el teléfono… y demás costumbres protocolarias del fin de unas amistades cortas pero intensas, así fue, nos despedimos, quedando tres de nosotros por un lado, nos dirigimos hacia una parada de autobús por la noche en la periferia de Madrid, una vez montados en el mismo, uno de ellos llego a su parada y nos despedimos de él, quedamos dos, al final de una parada, el autobús se estropeó y nos dijeron que deberíamos bajarnos por una avería, así lo hicimos pidiendo información para solucionar tal contratiempo, nos contestaron que el próximo tardaría una hora y media en estar disponible, era un lugar muy lejano y de difícil acceso, por ese motivo, era ardua tarea trasladar un nuevo autobús, demasiado tiempo pensamos mi compañero y yo, de modo que decidimos que era mejor que nos acercáramos a una estación diferente de autobuses, de esta forma nos quisimos despedir de forma definitiva ya que teníamos trayectos diferentes y los mismos se alejaban, así se hizo, nos despedimos deseándonos la mejor de las suertes después de pasar una velada llena de velas y candelabros, amén de tumbas y telarañas para estar en contacto para una próxima despedida o fiesta, en fin cosas que se dicen y nunca se hacen.

Cuando llevaba caminado 1 hora, me encontraba saturado, emocionalmente estaba agotado y físicamente abatido, parecía que la maldita estación estaba más lejos de lo imaginado y necesitaba parar para poder pensar y descansar las piernas, divise un edificio con muchas luces, teniéndose en cuenta que eran las 3 de la madrugada, no era cuestión de andar por andar y menos sin luz, de modo que me dirigí hacia el edificio de luces y cuando me encontraba cerca, entre las luces y algo de hierba, decide tumbarme para relajar la mente, el espíritu y el cuerpo, a fin de cuentas la estación no estaría muy lejos y era verano, podía dormir al raso como tantas otras veces lo he hecho en mi vida. Me quedé dormido plácidamente recostado sobre una almohada improvisada de bolsas de algún material de jardinería, abono quizás, paja o sabe dios, habiendo ubicado en mi mente la situación, edifico a la derecha, tumbado hacia unas casas, a mi izquierda el camino a seguir, me quedé tranquilo.

Noté la mano en mi pecho y una voz que me decía, vamos tú llévame a algún sitio para poder llegar a mi casa, era mi último compañero con el que despedí hace dos horas, eran las cinco de la madrugada y me había seguido para dormir junto a mí en aquel lugar extraño, le pregunté qué hacia allí, era otra persona diferente totalmente, su voz era ronca, y se había soltado el pelo que antes llevaba atado, en ese momento vi que tenía una larga cabellera y no llevaba camiseta, su voz autoritaria y continuada no me dejaba hacer ninguna observación, ni pregunta, solo repetía que le llevara a algún lugar para que pudiera llegar a su casa, le dije que no sabía, entonces comenzó a proferirme todo tipo de insultos de lo más salvajes, deseándome lo peor, su voz ronca y grave, a la vez que su tono muy alto, diciéndome que yo era el culpable de sus males, que pagaría por ello, me encontraba sin fuerzas y esta persona era una bestia físicamente y con una personalidad distorsionada llena de delirios de tipo esquizoide, estaba totalmente loco y sus amenazadas eran cada vez más fuertes, decía, te tengo que matar, eres el mal de mi vida y me has traído hasta aquí, (cosas extrañas), me percaté que tenía una grave transformación de la personalidad, de esas que se ven en películas, pero en la realidad es aterrador, no sabía qué decir en ese momento, ni me dejaba contestar, solo me provocaba y cuando quise alejarme de la bestia, vino hacia mí y me tiró una bolsa llena de regalos que me habían hecho esa misma noche los otros compañeros incluido el mismo, rompió todos y cada uno de los regalos uno por uno, en ese momento no sabía que hacer, la mente se paraliza, las 5 de la madrugada, en un lugar solitario y junto a una persona con delirios extremos, otras veces había salido de situaciones extremas, pero esta me desbordaba, estaba débil, y el golpe emocional de encontrarme a este ser extraño que me había seguido y había dormido junto a mí y podía haber hecho algo terrible, me atenazada el cuerpo y la mente, en un momento le dije que le ayudaría con su petición de encontrar un medio de transporte para que llegara a su barrio sin problemas, pero siguió con sus insultos y amenazas cada vez de forma más colérica hasta el punto de acercarse hasta un contenedor y coger un objeto que no podía ver bien, quizás un palo, algo cortante, se acercó a mí y en ese momento solo podía hacer dos cosas, salir corriendo, pero era seguro que me alcanzaría, era más veloz, más fuerte y más bestia que un gorila defendiendo a su cría, la segunda opción sería encararme con él sin mirar su arma y desviar la atención con cualquier excusa, necesitaba tiempo para que su personalidad cambiara o enfriara ese temperamento del diablo, le dije que había perdido mi teléfono móvil de una manera agresiva por mi parte y que era importante para mí, al principio cayó en la trampa de buscarlo, pero era astuto como una bestia herida y me hizo una llamada, mi móvil sonó y el teléfono estaba en mi pantalón, en ese momento me entró un escalofrió por el cuerpo, sería mi último día de existencia, la bestia con una melena pobladísima, descamisado y de 2 metros de altura con delirios psicopáticos estaba en su mejor situación, tenía una víctima, tenía el poder de mi voluntad a su merced, estábamos solos, y nadie nos veía, podía cumplir sus extraños y diabólicos delirios, en ese momento solo podía caminar hacia otro lado para que cejara de saciar su tremenda ira y su gloriosa autoridad sobre otra personas más débil, no podía pensar en nada, para mí era difícil procesar que había pasado por la mente de una persona que habíamos compartido curso, mesa y mantel, para luego perseguirme y hacerme lo que me estaba haciendo, humillarme en lo más profundo, tenía un recopilatorio de insultos, de cada uno de los días compartidos, se acordaba de todos los días y me los recordaba como algo malo en su vida en su existencia, según su delirio que yo habría provocado, curiosamente fue a la persona que más ayude, no podía procesar nada mi mente, solo andar en dirección contraria a donde estaba la bestia.

Se acercó a mí, me dijo que le mirara a la cara y que estuviera quieto, me golpeo y caí hacia un lado, se recreaba diciendo que era un hombre con agallas y que yo era una escoria, me levanté y le mire otra vez a los ojos, me escupió y me golpeó con un palo en un costado, exclamó, no mereces la pena, y se marchó a través de una autopista poniendo en riesgo su vida, era momento de huida y no lo pensé dos veces, comencé a andar sobre un descampado, salté por encima de chalets, seguí caminado y tuve que volver a saltar sobre unas canchas de fútbol y pistas de tenis de propiedad privada, no podía parar, tenía verdadero pánico, tenía terror, podía haber caído en un pozo, tropezar con algo cortante, meterme en un cementerio, me daba igual, solo deseaba escapar y dejar de pensar que la bestia me podía seguir y aparecer en cualquier momento y lugar.

Andé mucho por diferentes caminos, cemento, propiedades, salté vallas de todo tipo hasta aparecer en un gasolinera a las 7,30 de la mañana, donde tuve que pedir ayuda, paré a una furgoneta y expliqué a un buen hombre lo que me había sucedido, no sé si me creyó, tampoco le di muchos detalles, pero entendió que me encontraba en apuros serios y quizás mis ojos le dijeran la verdad, estaba aterrado como nunca lo había estado, el buen hombre me llevó hasta una parada de autobús que me llevaría hasta mi barrio, lloré al llegar a casa, esa noche estuve muy cerca de no poder escribir esto.

Al día siguiente tenía dudas de si llamar a la bestia o dejarlo pasar, quien sabe, como podía responder, ¿qué deseaba en realidad? Pero yo necesita salir del bloqueo mental, tenía un gran trauma, ese día no pude llamar estaba atenazado, tardé 4 días en llamar y cuando escuché su voz, no podía divagar ni dudar, le pregunté ¿qué había pasado aquella noche?, ¿por qué apareció conmigo? No recordaba nada contestó, dijo que se lo pasó muy bien en la despedida y que le llamara cuando quisiera, dándome algunos buenos consejos sobre asuntos relacionados con trabajos y cosas importantes, nada que ver con aquella noche, le seguí insistiendo, pero dijo que recuerda con mucha alegría y satisfacción lo bien que lo pasamos.

No sé si padecerá alguna patología mala, si se acuerda y me quiso dar un escarmiento no sé por qué, pero no recuerda nada y me trata como a un hijo, dándome buenos consejos, maneras y formas para cuando vengan los malos tiempos, de cómo salir hacia delante.

Queda atrás ese trauma, esa experiencia, esa lección de vida, del mal de las personas con una mente extraña.

Curiosamente, nos encontramos hace tiempo y le pregunté donde trabajaba, un día me acerqué hasta el lugar y era cierto, trabaja en un lugar cercano a mi barrio.

El no recuerda nada, pero yo me acuerdo de todo.



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